Pensando en términos pedagógicos, el formador considera el papel del participante de una forma especial. Nunca en términos de “yo”, sino en términos de “nosotros”, perdiendo así protagonismo a favor de los alumnos.
Cuando formamos parte de un seminario vamos a cambiar hábitos, a interiorizar nuevos conceptos, en definitiva a reforzar o a aprender algo nuevo.
El formador es, en este sentido, una herramienta en la transmisión de los conocimientos, que debe fomentar y potenciar el aprendizaje de nuevos conceptos.
Teniendo en cuenta que el aprendizaje debe ser divertido, consideramos diferentes herramientas y metodologías pedagógicas disponibles para hacer la formación amena e interactiva.
Hoy trataremos el Juego de roles.
El juego de roles ofrece las siguientes ventajas:
1. El participante se acostumbra a no formar juicios demasiado ligeros sobre las personas o su comportamiento.
2. El participante comprende que jamás existe una solución absoluta para un problema.
3. Aprende a ver cómo una misma situación es percibida de forma diferente por los diferentes actores.
4. Comprueba que no se justifican muchos de los prejuicios pre existentes.
5. Aprende a reconocer el gran valor que tienen las discusiones abiertas y en grupo.
6. Se deshace de conceptos idealistas al establecer sus consideraciones dentro de límites determinados por factores determinados .
7. El participante aprende a observar su potencial en una habilidad concreta al experimentar dentro del aula. Al recibir retroalimentación por parte del grupo, conoce su lado desconocido hasta entonces para él/ella.
En definitiva, el juego de roles aporta una riqueza incuestionable dentro del aula, favorece un clima distendido así como una comunicación abierta y eficaz.
Por todas estas razones nos gusta jugar a roles dentro del aula.
Por Patricia Peirote Hermann para Cuni & Asociados


